Un circuito cerrado de televisión (CCTV) generalmente está compuesto por varios elementos clave. En primer lugar, se incluyen las cámaras de seguridad, que capturan la imagen y el sonido del área vigilada. Estas cámaras suelen estar conectadas a un sistema de almacenamiento, que, además de guardar las grabaciones, puede transmitir la señal para su visualización en línea a través de Internet. Este sistema de almacenamiento a menudo incluye un disco duro, que permite la grabación y conservación de las imágenes de manera continua o por eventos. También existe la opción de grabación en la nube, lo que permite almacenar las grabaciones de manera remota, ofreciendo mayor seguridad y accesibilidad. Además, el sistema requiere una fuente de poder que lo alimenta eléctricamente, así como cables para la transmisión de video y audio. Aunque algunas cámaras son inalámbricas, aún es necesario proporcionarles alimentación eléctrica. Dependiendo del tipo de sistema de CCTV, se recomienda utilizar diversas protecciones para evitar posibles daños. Entre las opciones más comunes se encuentran los transceptores, sistemas de energía ininterrumpida (UPS) y otros dispositivos de protección.
